Hay afirmaciones que suenan demasiado buenas para ser verdad. Y luego hay estudios con 3,4 millones de personas que respaldan esas afirmaciones.
Los perros hacen que las personas sean más saludables. Esto no es romanticismo. Es epidemiología (el estudio científico de la salud y la enfermedad en poblaciones — no pregunta por qué una persona enferma, sino qué factores en grandes grupos promueven la salud o la enfermedad).
Este artículo resume lo que la investigación — concretamente dos estudios pioneros — realmente muestra. Lo que no muestra. Y qué mecanismos biológicos podrían explicar los resultados.
Estudio 1 — El estudio de Uppsala: 3,4 millones de personas, 12 años.
¿Qué se investigó?
En 2017, un equipo internacional de investigación liderado por Mwenya Mubanga de la Universidad de Uppsala publicó un estudio en la revista científica Scientific Reports — una revista revisada por pares (evaluada por científicos independientes) del grupo Nature.
El estudio utilizó registros nacionales suecos vinculados — registros de salud, registros poblacionales y el registro sueco de tenencia de perros — y observó a 3.432.153 personas de entre 40 y 80 años durante un período de hasta 12 años. Es uno de los estudios epidemiológicos más grandes realizados sobre la relación entre humanos y perros.
La pregunta central: ¿Tiene la tenencia de perros un impacto medible en las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad total (el riesgo de morir por cualquier causa en un período determinado)?
¿Qué se encontró?
Los resultados son estadísticamente sólidos y notablemente consistentes:
• Los dueños de perros tuvieron un riesgo un 33 por ciento menor de morir por enfermedades cardiovasculares que las personas sin perro — tras ajustar por edad, sexo, educación, lugar de residencia y otros factores.
• El riesgo total de mortalidad durante el período de observación fue un 24 por ciento menor en dueños de perros.
• En personas que viven solas y habían sufrido un infarto, el riesgo de muerte en el año siguiente fue un 33 por ciento menor que en pacientes con infarto que viven solos y no tienen perro.
• En sobrevivientes de accidentes cerebrovasculares que viven solos y tienen perro: un 27 por ciento menos de riesgo de muerte.
• Los dueños de perros de caza — retrievers, spaniels, pointers — mostraron el efecto protector más fuerte.
¿Qué significan estos números concretamente?
Una aclaración importante: Todas las personas mueren. El 100 por ciento. Lo que muestra el estudio no es que los dueños de perros sean inmortales, sino que en un determinado período de observación murieron con menos frecuencia que las personas sin perro. Dicho de otro modo: los dueños de perros vivieron más tiempo durante esos 12 años.
El riesgo total de mortalidad un 24 por ciento menor significa concretamente: si en ese período, por ejemplo, de 100 personas sin perro murieron 10, de 100 dueños de perro murieron solo alrededor de 7 u 8. Esa es una diferencia sustancial — a nivel poblacional, un efecto enorme.
¿Por qué los dueños de perros de caza estaban especialmente protegidos?
Los investigadores sospechan que esto se debe a que los dueños de perros de caza realizan más actividad física. Perros de caza como el Labrador Retriever, Golden Retriever o Spaniel necesitan mucho ejercicio diario, por lo que sus dueños se mueven más. La actividad física moderada y regular es uno de los factores protectores mejor documentados contra las enfermedades cardiovasculares y la muerte prematura.
Limitaciones del estudio
Los propios autores señalan limitaciones importantes. Primero, el estudio es observacional: puede mostrar que tener un perro y una mejor salud están relacionados, pero no puede probar que el perro sea la causa. Podría ser que personas más sanas y activas tengan perros con más frecuencia, y no al revés.
En segundo lugar, faltan datos sobre el tipo de relación con el perro: un perro que vive en un chenil tiene efectos diferentes a un perro que sale a pasear todos los días. En tercer lugar, solo se registraron enfermedades cardiovasculares y mortalidad total; no se investigaron otros aspectos de la salud.
Estudio 2 — Los beneficios de tener un perro (2024): cuerpo, mente y microbioma
¿Qué se investigó?
En 2024 se publicó en la revista Healthy Populations un extenso trabajo de revisión (un llamado review — un resumen sistemático del estado actual de la investigación) de Matijczak et al. titulado 'Los beneficios de tener un perro para la salud mental, física y social.'
Este estudio tiene una metodología diferente a la del estudio de Uppsala. No analiza datos propios, sino que resume los resultados de decenas de estudios existentes, ofreciendo así una visión amplia de todo el campo de investigación. El enfoque: ¿Cómo influye tener un perro en la salud física, mental y social?
Salud física — lo que muestra la investigación
El trabajo de revisión confirma los resultados del estudio de Uppsala: los dueños de perros son físicamente más activos, tienen una presión arterial más baja y un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Esto es consistente en varios estudios independientes.
Nuevo y notable: Un estudio mostró que acariciar a un perro durante solo unos minutos reduce de manera medible el nivel de cortisol (la hormona del estrés que, cuando está elevada crónicamente, daña el corazón y los vasos sanguíneos y debilita el sistema inmunológico) y al mismo tiempo aumenta la serotonina (un neurotransmisor — un mensajero químico en el cerebro — que regula el estado de ánimo, el sueño y el apetito) y la dopamina (otro neurotransmisor asociado con la motivación, la recompensa y el bienestar). Este efecto depende de la dosis: más interacción produce un mayor efecto, y ocurre independientemente de si el perro es conocido por la persona que lo acaricia o no.
Salud mental — depresión, ansiedad, trauma
Los autores resumen numerosos estudios sobre el efecto psicológico de tener perros. Los resultados muestran consistentemente una reducción de síntomas en depresión y trastornos de ansiedad en dueños de perros, aunque los investigadores enfatizan que no está claro si las personas más saludables tienden a tener perros o si el perro mejora la salud mental.
Está especialmente bien documentado el uso de perros en la terapia asistida con animales (el uso intencionado de animales en entornos terapéuticos bajo supervisión profesional). Estudios controlados aleatorios — la forma metodológicamente más sólida de estudios — muestran efectos positivos en trastornos por estrés postraumático (TEPT), en los que se reviven repetidamente experiencias traumáticas que afectan la vida diaria, así como en trastornos de ansiedad y trastornos obsesivo-compulsivos.
Los autores señalan que un perro no es un sustituto del tratamiento psicológico o psiquiátrico profesional, pero puede ser un factor complementario valioso.
El microbioma — el hallazgo más sorprendente de la investigación actual
Un área de investigación que ha cobrado impulso solo en los últimos años es la relación entre la tenencia de perros y el microbioma humano (el conjunto de todos los microorganismos — bacterias, virus, hongos — que viven sobre y dentro del cuerpo humano y que influyen en la digestión, el sistema inmunológico e incluso la salud mental).
Un estudio publicado en 2025 en la revista especializada iScience examinó a adolescentes que crecieron con perros en comparación con adolescentes sin perro. El resultado: el microbioma intestinal difería significativamente, y los adolescentes con perro mostraron menos problemas psicológicos.
El mecanismo supuesto: los perros modifican el microbioma del hogar. Traen diariamente nuevas cepas de bacterias — del exterior, de la naturaleza, de otros animales. Esta diversidad se transfiere a los habitantes del hogar. Un microbioma diverso se asocia en numerosos estudios con una mejor función inmunológica, niveles más bajos de inflamación y mejor salud mental.
Este hallazgo es especialmente relevante para los niños: crecer desde temprano con un perro parece entrenar el sistema inmunológico en desarrollo y podría tener efectos protectores a largo plazo. La investigación al respecto aún está en sus inicios, pero los primeros resultados son notables.
Salud social — soledad, comunidad, integración social
La soledad se ha convertido en un problema grave de salud en las sociedades occidentales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la soledad como una crisis global de salud. La soledad crónica es un factor de riesgo para la muerte prematura comparable a fumar 15 cigarrillos al día.
La revisión muestra que los perros actúan como catalizadores sociales (factores que aceleran o facilitan procesos sociales). Dan a sus dueños estructura y ritmo — salir a pasear diariamente obliga a salir de casa y crea encuentros. Los amantes de los perros hablan entre sí — en la calle, en el parque, en el veterinario. Estos contactos sociales suelen ser fugaces pero regulares — y la interacción social regular protege comprobadamente contra la soledad.
Este efecto es especialmente pronunciado en personas mayores que viven solas. Un estudio mostró que los dueños de perros mayores que viven solos tenían valores significativamente más altos de integración social y bienestar percibido que las personas mayores que viven solas sin perro.
¿Qué mecanismos biológicos explican estos efectos?
La investigación propone varios mecanismos — no se excluyen mutuamente y probablemente actúan en conjunto.
Ejercicio
El mecanismo más directo y mejor documentado. Los perros necesitan salir a pasear — diariamente, regularmente, con cualquier clima. Los dueños de perros acumulan en promedio mucha más actividad física moderada por semana que las personas sin perro. El ejercicio moderado regular reduce la presión arterial, mejora los niveles de lípidos en sangre, disminuye los marcadores inflamatorios y fortalece el sistema cardiovascular. Este es uno de los mecanismos mejor comprobados en toda la medicina.
Reducción del estrés y efecto hormonal
La interacción con perros — acariciar, jugar, simplemente estar cerca de ellos — reduce los niveles de cortisol y aumenta la oxitocina (la llamada hormona del vínculo que se libera durante las interacciones sociales y fortalece la confianza, el bienestar y la unión social). El cortisol elevado crónicamente daña a largo plazo el corazón, los vasos sanguíneos y el sistema inmunológico. La reducción del cortisol mediante la interacción con perros es un mecanismo plausible para el efecto protector cardiovascular.
Integración social
El aislamiento social es un factor de riesgo independiente para enfermedades cardiovasculares y muerte prematura — biológicamente plausible a través del aumento de la liberación de cortisol, inflamación crónica y cambios de comportamiento. Los perros fomentan los contactos sociales y reducen así el riesgo de aislamiento social. Este mecanismo explica especialmente bien el efecto protector reforzado en personas que viven solas.
Diversidad del microbioma
Los perros introducen diariamente nuevos microorganismos en el hogar. Esta mayor diversidad microbiana en el entorno doméstico puede entrenar el sistema inmunológico y diversificar el microbioma de los habitantes. Un microbioma diverso se asocia en numerosos estudios con niveles reducidos de inflamación, mejor función inmunológica y mejor salud mental. Este mecanismo está aún menos comprendido que los otros — pero cada vez está mejor documentado.
Lo que la investigación no dice — honestidad científica
No todos los estudios sobre la tenencia de perros y la salud muestran efectos positivos. Algunas metaanálisis (resúmenes sistemáticos de muchos estudios) no encuentran una relación significativa entre tener perro y la mortalidad total cuando se aplican criterios metodológicos estrictos.
El desafío metodológico es considerable: dado que la tenencia de perros no puede asignarse al azar — no se puede dividir a las personas en dueños y no dueños de perros mediante un sorteo — estos estudios no pueden probar causalidad (relación causa-efecto). Queda la posibilidad de que las personas más activas, sociales y saludables sean las que más frecuentemente tengan perros — y no al revés.
¿Qué significa esto para la interpretación? Un perro no es un medicamento. No es un sustituto del ejercicio, la alimentación saludable, el tratamiento médico o el apoyo psicológico. La suma de la evidencia — especialmente el estudio de Uppsala con su base de datos única y fortaleza metodológica — sugiere que la relación humano-perro tiene efectos positivos medibles en la salud y la esperanza de vida. Pero estos efectos no están garantizados ni son iguales para todas las personas.
One Health — una salud para humanos, animales y medio ambiente
La Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Sanidad Animal y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura trabajan cada vez más bajo el concepto One Health (una salud) — el conocimiento científicamente fundamentado de que la salud humana, la salud animal y la salud ambiental están inseparablemente conectadas.
En este contexto, los perros no son solo compañeros — son factores activos de nuestra salud. Y nosotros somos factores activos de su salud. La relación es bidireccional: lo que nos beneficia a nosotros también les beneficia a ellos. Lo que les perjudica a ellos también nos perjudica a nosotros. Ambiente saludable, animales saludables, personas saludables — esto no es una metáfora. Es un paradigma de investigación que cada vez más influye en la política sanitaria mundial.
La Organización Mundial de Medicina de Pequeños Animales fundó en 2010 un comité One Health — con el objetivo explícito de integrar la importancia de las mascotas para la salud humana en la agenda global de salud. Los perros desarrollan espontáneamente las mismas enfermedades que los humanos — cáncer, enfermedades cardíacas, alergias, enfermedades autoinmunes — y por ello son modelos de investigación únicos para la medicina humana.
Resumen — lo que sabemos y lo que no sabemos
Lo que podemos afirmar con alta certeza:
• Los dueños de perros son más activos físicamente — está bien documentado y es causalmente plausible
• La interacción con perros reduce el cortisol y aumenta la oxitocina, serotonina y dopamina — medible y reproducible
• Los perros actúan como catalizadores sociales y reducen el aislamiento social
• El estudio de Uppsala con 3,4 millones de personas muestra una relación estadística sólida entre tener perro y menor riesgo cardiovascular
• La tenencia de perros se asocia con un mejor microbioma — la investigación es reciente pero prometedora
Lo que no podemos afirmar con certeza:
• Si los perros causan mejor salud o si las personas más saludables tienden a tener perros
• Si el efecto es válido para todas las personas y todas las formas de tenencia
• Cuánto influye cada mecanismo individual (ejercicio vs. reducción del estrés vs. microbioma)
Bibliografía
Este artículo es solo informativo y no sustituye el consejo médico.
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N.º |
Autor/Año |
Tema |
Fuente |
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1 |
Mubanga et al. (2017) |
Tenencia de perros y riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte — 3,4 millones de personas, 12 años, Universidad de Uppsala |
Scientific Reports. DOI: 10.1038/s41598-017-16118-6 |
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2 |
Matijczak et al. (2024) |
Los beneficios de tener perro para la salud mental, física y social — revisión sistemática |
Healthy Populations Journal |
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3 |
iScience (2025) |
La tenencia de perros durante la adolescencia altera el microbioma intestinal y mejora la salud mental |
DOI: 10.1016/j.isci.2025.02209 |
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4 |
Levine et al. (2013) |
Posesión de mascotas y riesgo cardiovascular — Declaración de la Asociación Americana del Corazón |
Circulation. DOI: 10.1161/CIR.0b013e31829201e1 |
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5 |
OMS / FAO / WOAH (2022) |
Plan de Acción Conjunto One Health — Marco para la salud integrada de humanos, animales y medio ambiente |
who.int/one-health |
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6 |
Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (2010) |
Comité One Health — Importancia de las mascotas en la agenda global de salud |
wsava.org |
Para finalizar
La ciencia aporta cada vez más evidencia sólida de lo que muchos amantes de los perros saben intuitivamente: la relación entre humanos y perros no es solo sentimental. Tiene efectos biológicos medibles — en el corazón, el cerebro, el microbioma y la vida social.
Hildegarda de Bingen lo intuyó en el siglo XII. La Universidad de Uppsala lo confirmó con 3,4 millones de puntos de datos. Y la investigación continúa — porque cuanto más entendemos cómo actúa esta sustancia, mejor podemos aprovecharla. Para nosotros. Y para ellos. 🐾🧡
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